Seguimos analizando nuestro paso por el congreso de arquitectos de valencia. Hoy queríamos poner sobre la mesa dos posturas radicalmente opuestas (expuestas en el ER3 del congreso) sobre la forma en que los arquitectos, dependiendo de su edad, ven su relación con los colegios. Por un lado, la postura de los más jóvenes, que llevan algunos años trabajando en una situación precaria que ahora se ha vuelto trágica, y por otro los arquitectos veteranos, que después de varias décadas ejerciendo prácticamente sin competencia ven amenazada su hegemonía y tratan de hacer cambios para quedarse como están:
ARQUITECTOS JÓVENES
Arquitectos sin papeles: son los inmigrantes que no consiguen homologar su título, sí, pero también son los trabajadores sin contrato. Conocidos como falsos autónomos, arquitectos precarios, arquitectos explotados… se caracterizan porque:
1. Carecen del documento que les permite acceder a sus derechos: indemnización por despido, paro, posibilidad de planear un proyecto de vida con cierta seguridad…
2. Son vistos como los infractores, como los culpables de su propia situación. Se acepta su situación porque no hay otra, pero se les responsabiliza por ello.
3. Se les impide denunciarlo, con amenazas veladas, véase la carta de Paloma Sobrini, o con autentico chantaje psicológico, ya que la relación entre el arquitecto “jefe” y el arquitecto “empleado” es muy estrecha, y esto se convierte en una cuestión personal.
4. No hay un marco legal que lo regule. Hay carencias, no hay patronal, no hay sindicatos o convenio colectivo.
De todo esto lo triste, lo grave, es la equidistancia de los colegios, el posicionamiento tan cobarde de los mismos, que no deja de ser un reflejo de lo que realmente son.
Pero a pesar de todo, hay soluciones, a modo de propuestas realistas:
1. Los colegios deberían defender a los ARQUITECTOS no solo a los colegiados.
2. El colegio debería emprender acciones, y no solamente dedicarse a informar, para defender a los arquitectos.
3. Se debe pasar del arbitraje entre arquitecto “jefe” y arquitecto “empleado” a la aplicación de las normas deontológicas.
4. Se tiene que pasar de controlar simplemente el proyecto a controlar también las condiciones en que se realiza dicho proyecto.
5. Hay que dejar atrás la informalidad y hay que pasar a la profesionalización.
ARQUITECTOS EXPERIMENTADOS:
Se solicita cambiar la estructura colegial de forma que se separe el registro, que sería una lista de los titulados en arquitectura, de la colegiación, que sería un sello de calidad.
Por supuesto, para obtener la colegiación, y esa garantía de calidad y buen hacer, habría que pasar una prueba de acceso.
De esta forma, estar colegiado sería un síntoma de prestigio, sería como tener una ISO o pertenecer a una institución de reconocido prestigio.
Existiría un visado de calidad. En un colegio prestigiado obtener un visado de calidad sería como conseguir una certificación de calidad. De este modo el colegio estaría postulándose como un certificador de calidad.
Se propone también reducir la estructura colegial y hacer un solo colegio de ámbito nacional, o a lo sumo dos, con delegaciones provinciales o regionales, para que la institución sea más fuerte y tenga peso real.
CONCLUSION by n=
Deberíamos intentar pensar globalmente y dejar de defender cada uno su propia parcelilla. El colegio debería defender a los arquitectos, a todos los arquitectos, defendiendo la calidad y la legalidad de todos los procesos contribuyendo a la profesionalización del sector.
Por otro lado el nuevo marco legal que se está creando (Bolonia, ómnibus, sociedades profesionales,…) es algo que está ahí y no podemos obviar. Y esto obligaría a que los colegios emprendieran una nueva vía de defensa de los arquitectos a través de campañas de imagen. Me parece muy bien lo del sello de calidad, pero al común de los mortales no le dice nada que una empresa tenga la ISO 9001. Hay que contar a la sociedad el valor añadido que supone contratar a un arquitecto frente a otro técnico. Es necesario que los arquitectos sean más cercanos a los usuarios y estos sepan cual es nuestra labor. Esta tarea de comunicación y de imagen la tenemos que realizar colectivamente a través de los colegios y del consejo (con campañas generalistas y campañas específicas para los administradores públicos).
ARQUITECTOS JÓVENES
Arquitectos sin papeles: son los inmigrantes que no consiguen homologar su título, sí, pero también son los trabajadores sin contrato. Conocidos como falsos autónomos, arquitectos precarios, arquitectos explotados… se caracterizan porque:
1. Carecen del documento que les permite acceder a sus derechos: indemnización por despido, paro, posibilidad de planear un proyecto de vida con cierta seguridad…
2. Son vistos como los infractores, como los culpables de su propia situación. Se acepta su situación porque no hay otra, pero se les responsabiliza por ello.
3. Se les impide denunciarlo, con amenazas veladas, véase la carta de Paloma Sobrini, o con autentico chantaje psicológico, ya que la relación entre el arquitecto “jefe” y el arquitecto “empleado” es muy estrecha, y esto se convierte en una cuestión personal.
4. No hay un marco legal que lo regule. Hay carencias, no hay patronal, no hay sindicatos o convenio colectivo.
De todo esto lo triste, lo grave, es la equidistancia de los colegios, el posicionamiento tan cobarde de los mismos, que no deja de ser un reflejo de lo que realmente son.
Pero a pesar de todo, hay soluciones, a modo de propuestas realistas:
1. Los colegios deberían defender a los ARQUITECTOS no solo a los colegiados.
2. El colegio debería emprender acciones, y no solamente dedicarse a informar, para defender a los arquitectos.
3. Se debe pasar del arbitraje entre arquitecto “jefe” y arquitecto “empleado” a la aplicación de las normas deontológicas.
4. Se tiene que pasar de controlar simplemente el proyecto a controlar también las condiciones en que se realiza dicho proyecto.
5. Hay que dejar atrás la informalidad y hay que pasar a la profesionalización.
ARQUITECTOS EXPERIMENTADOS:
Se solicita cambiar la estructura colegial de forma que se separe el registro, que sería una lista de los titulados en arquitectura, de la colegiación, que sería un sello de calidad.
Por supuesto, para obtener la colegiación, y esa garantía de calidad y buen hacer, habría que pasar una prueba de acceso.
De esta forma, estar colegiado sería un síntoma de prestigio, sería como tener una ISO o pertenecer a una institución de reconocido prestigio.
Existiría un visado de calidad. En un colegio prestigiado obtener un visado de calidad sería como conseguir una certificación de calidad. De este modo el colegio estaría postulándose como un certificador de calidad.
Se propone también reducir la estructura colegial y hacer un solo colegio de ámbito nacional, o a lo sumo dos, con delegaciones provinciales o regionales, para que la institución sea más fuerte y tenga peso real.
CONCLUSION by n=
Deberíamos intentar pensar globalmente y dejar de defender cada uno su propia parcelilla. El colegio debería defender a los arquitectos, a todos los arquitectos, defendiendo la calidad y la legalidad de todos los procesos contribuyendo a la profesionalización del sector.
Por otro lado el nuevo marco legal que se está creando (Bolonia, ómnibus, sociedades profesionales,…) es algo que está ahí y no podemos obviar. Y esto obligaría a que los colegios emprendieran una nueva vía de defensa de los arquitectos a través de campañas de imagen. Me parece muy bien lo del sello de calidad, pero al común de los mortales no le dice nada que una empresa tenga la ISO 9001. Hay que contar a la sociedad el valor añadido que supone contratar a un arquitecto frente a otro técnico. Es necesario que los arquitectos sean más cercanos a los usuarios y estos sepan cual es nuestra labor. Esta tarea de comunicación y de imagen la tenemos que realizar colectivamente a través de los colegios y del consejo (con campañas generalistas y campañas específicas para los administradores públicos).

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